martes, diciembre 25, 2007

"Recuerdos..."


Ayer por la tarde, poco antes de ir a la casa de mi hermana, estando en pleno duchazo, recibí una llamada telefónica. Cubierto con la toalla tuve que ir corriendo a contestar... No reconocí la voz, como tampoco pude recordar de quien se trataba cuando me dio su nombre. Traté de escudriñar entre los rincones de mi memoria pero el resultado fue más que infructuoso. Quien me hablaba dijo que me recordaba a la perfección y que ligaba mi nombre con las novelas de Víctor Hugo que solíamos leer en nuestra etapa escolar. La verdad es que estaba avergonzado por no poder recordarlo cuando me daba con minuciosidad pelos y detalles de un pasado ciertamente lejano pero inolvidable...

Yo acabé mi secundaria en el colegio Federico Villarreal de Miraflores, en el antiguo local ubicado en la calle Bellavista de aquel céntrico y conservador distrito. Una edificación antigua, con salones de quincha y techos encofrados en madera o en su defecto de calamina. Un patio amplio pero lleno de desniveles que usábamos para nuestras prácticas físicas los lunes por la mañana o los infaltables partidos de fútbol con todos los chicos.

Recuerdo a Sandro Gutiérrez, el chico con quien peleaba el primer lugar, siempre fui el segundo en toda la secundaria, asi es que cuando recibí el diploma por el segundo puesto y una beca directa para postular sin mucho problemas a cualquier universidad me lleno de un gozo inconmensurable.

Recuerdo también a Pachacamac, un chico delgado de aspecto desvalido y a quien le pusimos el moto de "Abuelo". A Víctor Proaño, el chico más tímido que se pueda imaginar, apenas se le podía oir cada vez que hablaba, muy tranqui, una bella persona. Al gordo Heredia quien me llamaba "mujer" y hasta una vez se atrevió a estampar un ósculo en mi mejilla para vergüenza mía y jolgorio del resto. Un pesado a carta cabal el "español" Heredia y que se ganó ese mote por el seseo cada vez que hablaba.

Anampa, con sus ojos enormes y su sonrisa de conejo y con el que me volví a topar en la Universidad llevando la carrera de Geografía. En el cole el encargado de la clase de Geografía era el profesor Omontes y la verdad que sus intervenciones eran didácticas, dinámicas y por demás interesantes lo que motivó a varios de mis compañeros a seguir la carrera de educación.

El chato Castro, siempre jodido y con la palabra precisa en la punta de la lengua para hallar la "chapa" o apodo a cualquiera. A mi me llamaban "La Loca Chanta", y no se por qué si era de lo más tranquis que se puedan imaginar. Creo que ayudó a que se mote se generalizara Heredia y sus arrechuras de galancete en pos de un punto y como yo era tranqui como para replicar me agarró de punto.

Recuerdo al curita amanerado que dictaba las clases de religión y que aprovechaba las clases para tocar, de manera no discreta, a mis compañeritos. Minaya, el más avezado de la clase aprovechaba para corresponder a su "paternal" abrazo y cogerlo de la cintura con un gesto obsceno que nos hacía sonreir y que el profe apenas se percataba.

"Mamapancha" o José Antonio Jiménez León, historiador y profesor de Historia del Perú durante casi toda mi secundaria y cuya rutina era conocidísima. Se desplazaba por el parque Kennedy cogido del brazo de una agraciada jovencita, vestida de escolar, que nunca supimos si era su hija o nieta, pero pintaba más para la segundo, hacia un conocido y exclusivo colegio miraflorino. El profesor ya en clase, nosotros guardábamos respetuoso silencio pues su presencia cohibía, sacaba del bolsillo interior de su saco unos papeles amarillentos y empezaba el dictado del tema del día. Apenas terminaba de dictar y proseguía su famoso cuestionario de seis preguntas para inmediatamente repartir los temas de exposición para la siguiente clase. Terminado esto comenzaban las exposiciones cuyos temas nos habían sido dados en la clase previa. Yo tenía en aquel entonces una fantástica memoria capaz de almacenar páginas y páginas de los temás más diversos. A algunos profes no les parecía que era el mejor método de estudio, sin embargo consideraban que la buena memoria era un agente importante de la inteligencia humana... Pero ocurrió un hecho que terminó por avergonzarme: Me olvidé de mis líneas. Toda mi mente quedó en blanco, mis compañeros me miraban sorprendidos y el profe con todo el sarcasmo posible añadió: "¡Ijjj (sonido clasico y patentado) qué pasó!, ¿Se te acabó el pabilo? -para luego lanzar otra frase clásica y sentenciosamente- ¡Asiento! (esta palabrita o la forma como lo decía iba encaminada a las personas que no sabían la lección o al contrario la sabían muy bien, pero por la forma como me la dijo esta vez no era precisamente por la segunda situación). Con las mejillas ardientes me dirigí a mi asiento y me sentí más pequeño e insignificante que nunca.

El profesor Cabrera, encargado de las clases de Educación Cívica y antichileno total... Pequeñito, rechoncho, con unos lentes con unos marcos negros e impresionantes, siempre sudando y secándose con un arrugado pañuelo que sacaba de su bolsillo trasero cada vez que era necesario, la verdad es que muy frecuente. Abogado de pofesión y con un dejo serrano pero con dotado de una picardía muy criolla. No había clase que no culminara con un sendo ataque a nuestros vecinos sureño y su idea de tomar por la fuerza y recuperar nuestras tierras perdidas durante la guerra del Pacífico. Todos tomaban con sorna sus locas y belicosas ideas.

Abdela Fonseca, la hermosa profesora de canto, delgada, blanca, rasgos finísimos y unos labios pequeños y enloquecedores. Nunca aprendí música pero moría por el movimiento de sus labios cuando dejaba escapar algunas notas. Rompió muchos corazones cuando se casó.

El profesor Aguilar Cobián, profesor de Inglés y odontólogo de profesión, era una de mis clases favoritas pero quien sacaba mayores notas era Sandro que ya llevaba ese curso en el Británico de Miraflores.

El profesor de Biología, cuyo nombre no recuerdo ahora, y que siempre utilizaba para criticar a algunas personas la palabra "bestiás" se convirtió en un buen amigo. Un día me sorprendió, se acercó a mi, bajó mi labio inferior y sacó una pequeña muestra salival para verla en los recientemente adquiridos microscopios. Me dio mucha vergüenza pero me dejé sacar dócilmente esa muestra.

La profesora Nelly del curso de HIstoria Universal, una de mis clases favoritas, y que me había adoptado como a su engreído. Jamás lo decía, era seria, casi inexpresiva, pero cuando hablaba de historia lo hacía con mucha pasión y me tomaba a mi como referencia y modelo a seguir como estudiante. Siempre me ponía las notas más altas. En mis libretas los 19´s o 20´s eran frecuentes en ese curso. Una vez tuvo una reacción que llamó la atención a muchos... Iba a entra a dictar su clase y Díaz, el más pequeñín pero más despierto de la clase dijo "Allí viene la tía...". ¡Uuuuy, para qué dijo eso! Una sorprendente profesora de Historia se acercó presurosa al lugar de donde había salido ese comentario. Cogió a Díaz de una oreja y lo removió con la fuerza de un tornado a una palmera, y no contenta con eso le propinó un par de sonoros "quechis". Todos se quedaron sorprendidos hasta ella misma creo...

Otro hecho vergonzoso es el que tuvo que pasar el profe de Arte. Un día estaba revisado trabajos y por la ventana que da a la calle, algunos de mis compañeros lanzaron piropos a unas guapas transeuntes. Frente al cole vivía una conocida mía. La profesora de canto de primaria, Miss Monchi. Bueno, el punto es que irrumpió en el salón de clase y le llamó enérgicamente la atención al profesor por no saber dominar al grupo. El profesor mascullaba incoherencias y Miss Monchi, muy distinta a como la había conocido (reamable) le dijo: "No sabes ni hablar serrano de mierda..." y dio portazo y desapareción por donde vino. El profe que era muy blanco se puso coloradísimo. Nosotros soprendidos pero después recordamos con muchas risas el momento...

La persona que me llamó ayer dijo llamarse Jacobo, pero no lo sacaba por el nombre, me citó algunos nombres conocidos y no lo recordaba porque no había estduado en mi sección sino en 5to. "C". Sin embargo, seguí la conversación me pidió mi dirección y se la di. Cualquier día me cae, entonces creo que podré recordarlo.

Me preguntó que hacía y yo no le di mayores detalles. Él, me recordaba como un chico estudioso , apasionado por las letras, y con un futuro promisorio y envidiable. Sin embargo, con mucha pena le comenté mi presente y de que aquel muchacho soñador y con ganas de arrollar al Mundo sólo quedaba un flaco recuerdo del pasado... Lamento haber decepcionado a mucha gente que confiaba en mí...

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